Alimentos funcionales

INÉS ROIG (*)

Son alimentos cuyo objetivo es mejorar la calidad de vida y prevenir o reducir la aparición de posibles enfermedades.
Los alimentos funcionales pueden ser de cinco tipos:
Alimentos naturales: Un ejemplo de estos serían los frutos secos. Su consumo habitual en pequeñas cantidades se asocia a una reducción de enfermedades cardiovasculares.
Alimentos a los que se les añade un componente, como por ejemplo cereales enriquecidos con fibra, con ácido fólico, etc.
Alimentos a los que se les quita un componente, como por ejemplo los lácteos desnatados.
Alimentos a los que se les quita un componente y se añade otro, como aquellos a los que se les quitan grasas saturadas y se añaden derivados del aceite de oliva.
Alimentos a los que se les modifica la naturaleza de algún componente. Por ejemplo, los cereales enriquecidos con fibra, que hacen que bajen los picos hiperglucémicos que se producen tras comer alimentos ricos en hidratos de carbono.
Sustancias “funcionales”:
Fitoestrógenos: Los contiene la soja, y son útiles para paliar los síntomas de la menopausia y disminuir el riesgo de osteoporosis. Se incluyen en bebidas, refrescos o yogures.
Fitoesteroles: Se encuentran en distintos alimentos de forma natural (verduras, frutas, frutos secos, aceite de oliva, etc.) y son también añadidos en algunos alimentos funcionales (leche, zumos, yogures). Han demostrado que ayudan a reducir el colesterol y a eliminar su exceso.
Fructo-oligosacáridos: Estimulan el crecimiento y la actividad de las bacterias beneficiosas para la flora intestinal.
Bifidobacterias: Son microorganismos vivos que al ser ingeridos en cantidades suficientes contribuyen a equilibrar la flora intestinal y a potenciar nuestro sistema inmunológico.
Polifenoles: Son sustancias antioxidantes que contribuyen a reducir el envejecimiento y previenen contra una serie de enfermedades tumorales. Abundan en frutas y hortalizas, algunos cereales, chocolate negro, vino y cerveza.
Ácidos grasos omega-3: Previenen enfermedades cardiovasculares, inflamatorias y de la piel.
Fibra: Hay muchos compuestos enriquecidos con fibra como son los cereales
Ácido fólico: Muy usado en los cereales y la leche.
Melatonina: Se localiza en pequeñas cantidades en algunas frutas y verduras como las bayas de Goji, almendras, pipas de girasol y las cerezas, por lo que su consumo podría ayudar a controlar el peso, reducir los triglicéridos, aumentar el colesterol “bueno” y disminuir el “malo”.
Más allá del valor que tienen los alimentos funcionales, su éxito actual obedece, en parte, a que estamos inmersos en una sociedad que busca continuamente la salud y el antienvejecimiento desea soluciones sin esfuerzo e inmediatas.
Los alimentos funcionales no curan ni previenen por si solos si no están incluidos en una dieta variada y equilibrada. Es muy importante advertir a los consumidores para que, al ver ciertos anuncios, no caigan en el error de creer que quien ha sufrido un infarto va a tener suficiente con el efecto de los fitoesteroles. Un alimento funcional jamás sustituirá a las estatinas, aunque sí puede complementarlas.
Aunque los alimentos funcionales son susceptibles de mejorar la salud, hay que valorarlos en su justa medida y disfrutar de ellos sabiendo que, si bien no son la panacea para todos los males, resultan beneficiosos y aportan un complemento saludable a una dieta apropiada y a un estilo de vida activo.

(*) Farmacéutica

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