
España es el segundo país productor de huevos de Europa, por delante de Alemania e Italia y solo por detrás de Francia, teniendo unas 44 millones de gallinas, que viven estabuladas en unas condiciones que en el 97% no cumplen la directiva que se debía haber aplicado ya, sí o sí, desde el 1º de enero de 2012. Se ha estimado que el coste de la trasformación de los gallineros es inasumible para los pequeños y medianos productores (la inmensa mayoría), con lo que se prevé una disminución de la producción, que la Comisión Europea calcula que se repondrá en 4 ó 5 meses (si Dios quiere). Si no se tendrán que importar huevos de los USA, México o Turquía, que, al parecer ya cumplen con el bienestar de sus gallinas.
Si encima estamos en plena crisis económica, que ha restringido los créditos por falta de liquidez bancaria, va a resultarles muy difícil emprender esas reformas antes del 31 de julio, última fecha para que se cumpla la directiva. A partir de ese momento, las inspecciones de la Comisión impedirán la exportación de huevos que no sean homologados o lo que es peor, y sufrirán sanciones económica los países infractores.
No quiero que nadie piense en que hay una conspiración para hundir nuestro sector agrícola. Pero si recordamos que nos «recomendaron» la matanza de reses, nos «estimularon» para arrancar las vides, restringieron la producción oleícola y vitivinícola, dando un trato preferencial a los productos agrícolas extracomunitarios, en especial los que nos hacen competencia directa, asaltando nuestros camiones, en los que trasportaban los productos hortofrutícolas y desparramándolos por la carretera, sin que desde Bruselas se haya puesto ninguna sanción ejemplar a estos desmanes. Tampoco la U.E. aportó más que una indemnización económica por la crisis del pepino (que hundió la exportación de nuestros productos hortícolas), lo que me hace pensar que puede pasar como con las brujas, que aunque no crea en que haya una conspiración contra nuestra agricultura y ganadería, haberla, hayla.
Algo más. Ya me gustaría que la U.E. tan sensible a la felicidad de las gallinas ponedoras y su preocupación para que tengan un buen gallinero, no tenga ninguna consideración con los habitantes humanos de Europa, entre los que nos encontramos, dándoles facilidades para poder salir de una recesión económica que no han provocado. Pero todo sea para que nuestras gallinas sean felices…





