El Ministerio de Fomento, al frente del cual está la Dña. Ana Pastor, nacida en Cubillos del Pan (Zamora), va a recortar un montón de líneas ineficientes, deficitarias, poco rentables y de golpe se va a ahorrar 86, 5 millones euros, al suprimir líneas que estaban siendo utilizadas por 1,6 millones de usuarios. Dña Ana se debió curtir en los trasportes públicos esperando en su pueblo a que pasara el tren para llevarla a estudiar Medicina a Salamanca, pongamos por caso. D. Mariano, que es un forofo de las empanadas (gallegas), la nombró ministra de Fomento, para arreglar las autopistas y ahora los ferrocarriles, mientras llevaba a la otra Ana, Mato de apellido, a la de Sanidad. Cada mochuelo a su olivo.
No hay que preocuparse en los trenes recortados, porque esos trenes unían puebluchos o tenían estaciones en las que solo eran utilizadas por una persona el día. ¡Un derroche y un despilfarro! Muchas de los que usaban esas líneas lo hacían para ir al médico, con lo que el ahorro va ser múltiple: nulo coste de trasporte, menos gastos sanitario y farmacéutico, lo que permitirá jubilar anticipadamente (a los 65 años) a muchos médicos y personal de enfermería. Les señalo lo de los 65 años, porque se está hablando de largar la vida laboral a los 67 años e incluso los 70.Pero no, esa medida no será aplicable al personal sanitario, pues eso fue un logro del gobierno del Sr. Aznar y… ¿quién va rectificar una medida al líder cósmico?
Otros usuarios de los trenes suprimidos iban a la capital a comprar bienes de consumo, ropa, zapatos, complementos… Pero con las cuatro perras gordas que se sacaban de las patatas (pongo por caso) que recogían en sus campos, no tenían para pipas. También los utilizaban los pensionistas, pero a esos ya les vendrá bien un recorte para que no viajen a la capital para incrementar el gasto social.
Los cuatro viejos que quedan en los pueblos más les vale buscarse un rincón donde ir por las tardes a contarse las penas o jugar al tute subastado.¡Qué digo tardes. Todo el día si es preciso! Sus viejas casas hay que dejarlas perder y así poder comprar las ruinas, muy apreciadas por los arqueólogos, a precio de supersaldo.
Muchos trenes continuarán funcionando pero con menor frecuencia y lo harán entre las capitales de provincia. Los de los pueblos intermedios que vuelvan a la caballería y al carro. O a la bicicleta, que en eso podrán ponerse a la altura de las grandes ciudades.
Y aquí en la Marina, ¿qué hacemos? Porque con tanto recorte no se ve que pueda construirse la línea que nos acerque a Gandia. Tendremos que manifestarnos con las corporaciones municipales a la cabeza. Lo problemático va ser contra quien. Porque contra Rajoy no se debe, que bastante contrito está por tener que seguir pegando tijeretazo a diestro y sobre todo a siniestro. ¿Contra su ministra? Pobriña, que con la herencia tiene una difícil carga que soportar. Y como Zapatero abandonó el barco dejándonos huérfanos para hacer protestas, no vamos a ir a hacerle un escrache a su chalé, porque está cerca de otros chales de altos cargos del actual partido en el poder, que lo verían como una provocación, una más.
Pero hay que ver al lado positivo, si es que tiene lado positivo suprimir trasportes en el siglo XXI. El Gobierno, siempre pendiente de nuestro bien, suprime los ferrocarriles para evitar que muchos desesperados se tiren al tren, pues luego hay que pagar indemnizaciones si se demuestra que la línea estaba insuficientemente protegida y mal vallada. ¡Que se tiren desde las azoteas!