Una escuela democrática y cooperativa

El maestro Francisco Medina aplicó el método Freinet en Benissa en 1933

A estas alturas todavía se habla de coeducación en las aulas pero no es un término nuevo, ni mucho menos. Durante la II República se consiguió que niñas y niños aprendieron los mismos contenidos y en los mismos espacios. Después, pero, el franquismo impuso la educación segregada y el currículum diferenciado por sexos hasta que la Ley General de Educación (EGB) acabó con esta práctica en 1970. El periodo que va de 1918 a 1939 fue un tiempo fértil en cuanto a la renovación pedagógica de la escuela, en palabras de Alfred Ramos. En la llamada Escuela Nueva, el alumnado tiene un papel activo y el maestro es el guía, no el elemento principal sino el acompañante. Acontece una pedagogía práctica y experimentadora, evita la excesiva memorización y se ejerce una democracia directa para solucionar los conflictos que se generan dentro del sistema educativo. Tres fueron el principales pedagogos: la italiana Maria Montesori, el belga Ovide Decroly y el francés Célestin Freinet. Los tres ejercieron un fuerte impacto en los maestros de la República y Freinet, mediante la imprenta en la escuela, fue un punto de referencia en la transformación y renovación de la educación valenciana en los años treinta.

El maestro Francisco Medina Seguí ejerció en la Escuela Número 3 de Benissa entre 1927 y 1934 y desarrolló la práctica de algunas técnicas Freinet. Entre ellas estaba la edición de una revista que publicaba la tarea que hacían en clase con artículos y ejercicios de sus alumnos. De la lectura de sus páginas se ve el funcionamiento de una clase modélica de corte democrático y cooperativo que seguía el principios de Freinet. Un ejemplar de la revista Educación de Benissa -la única en la comarca- se ha conservado porque uno de los alumnos, Juan Ortolà, la guardó como un tesoro en homenaje a un maestro que lo marcó de por vida. Ahora, esa revista se ha editado en formado facsímil gracias a la donación hecha por las hijas, Marisa y Concha Ortolà.

Publicidad

La metodología educativa, según se ha mencionado, se evidencia en la revista. El maestro tenía organizada la clase por responsables elegidos democráticamente. Los alumnos confeccionaban el material de los experimentos y después describían la observación. Se hacían salidas al medio para recoger plantas e insectos y los trabajos manuales ocupaban un tiempo en el currículum. Además, se montaban exposiciones finales de trabajos manuales (mapas, aparatos de física, teatros, telas pintadas, etc.).

La revista nació en enero de 1933 y está imprimida con una multicopista. Los artículos son variados, desde pensamientos republicanos y biografías (Mariana Pineda, Rafael de Riego y Blasco Ibáñez) hasta experimentos, ciencias naturales, la biblioteca, la cantina, papiroflexia, razonamientos de educación moral y cívica, etc. Los textos los escribieron los alumnos Juan Ortolà, Francisco Àvila, Francisco Jordà, Julio Gil, José Pastor, Jaime Colomer, Juan Martínez i José Santacreu. Un modelo de escuela activa y cooperativa, de intensos valores cívicos y democráticos impulsada por un maestro Medina “tolerante, innovador, respetuoso con sus alumnos y, además, fomentó su libre expresión mediante el texto libre y la imprenta”, en palabras de Ramos.

El hallazgo

Si el contenido de la revista es bastante interesante, también lo es como se hizo el hallazgo. Alfred Ramos descubrió su nombre mientras buscaba noticias otras publicaciones escolares a Altea. Preguntó en los dos centros escolares de Benissa y al cronista de la villa, Joan Josep Cardona, pero nadie sabía nada. En un viaje en Sicilia, Ramos coincide con una mujer, Rosa Costa, que le habló de su trabajo de maestra en Benissa. Y fue Rosa quién le dio el nombre de un maestro benisser ya jubilado, Pere Cabrera.

La luz se encendió cuando Cabrera escuchó la palabra Freinet. Según contó él mismo en la presentación de la revista, le vino a la memoria que un antiguo alumno le dijo allá por los años 70 que se había enseñado durante la República con Freinet. Esa persona era Juan Ortolà y la conversación tuvo lugar cuando trabajaba en una tienda de materiales de construcción. “Fui a comprar unos azulejos para hacer obra a casa de mi madre y me atendió él”, dijo Cabrera. A pesar de que Ortolà había muerto hace tiempo, contactaron con las hijas y todo va venir de cara. La revista formaba parte de todos los documentos familiares (partidas de nacimiento, libros de familia, pasaportes, etc.) y estaba guardada con recelo. Viajó, incluso, en el Brasil cuando la familia vivía por aquellas tierras.

Una de las hijas, Concha, dice que “las revistas han sobrevivido 89 años y ahora son un testimonio de una forma de enseñar y de educar”. “Ahora sé”, continúa, “que para mi padre fueron un recuerdo de niñez, la de un niño huérfano de padre que tuvo un referente en la figura de su maestro porque se ocupó que abriera los ojos al mundo, que tuviera fe en sí mismo y que podía conseguir en la vida las metas que se propusiera”. Un maestro que le transmitió los valores de la justicia, la libertad, la solidaridad y la tolerancia y que Ortolà, después, los hizo extensivos a las hijas.

Suscríbete al boletín de noticias

Pulsando el botón de suscribirme aceptas nuestras Política de privacidad y Términos del servicio
Publicidad