- Se trata de una intervención reconstructiva cuyo objetivo principal es aliviar el dolor y mejorar la calidad de vida
La cirugía de prótesis de rodilla, conocida médicamente como artroplastia total de rodilla, es uno de los procedimientos indicados en pacientes que padecen desgaste severo de la articulación, especialmente por osteoartritis, así como por artritis reumatoide, necrosis ósea o secuelas de fracturas complejas. Cuando el dolor es persistente, limita la movilidad y no responde a tratamientos conservadores, la sustitución protésica se convierte en una alternativa altamente efectiva.
“La rodilla es una articulación sinovial compleja formada por el fémur, la tibia y la rótula. En condiciones normales, estas superficies óseas están recubiertas por el cartílago articular, que permite un movimiento suave y sin fricción. En la artrosis avanzada este cartílago se deteriora progresivamente, provocando dolor, inflamación, rigidez y deformidad. La cirugía de prótesis de rodilla consiste en eliminar las superficies articulares dañadas y sustituirlas por componentes artificiales fabricados generalmente en aleaciones metálicas (como cobalto-cromo o titanio) o polietileno de alta densidad. Estos implantes reproducen la anatomía y biomecánica de la articulación restaurando la alineación y permitiendo nuevamente el movimiento funcional”, explica el traumatólogo y especialista en rodilla del Hospital HLA San Carlos. “Existen distintos tipos de prótesis como las totales cuando se reemplaza toda la articulación, y parciales, cuando solo se sustituye un compartimento afectado. La elección depende del grado de deterioro, la edad del paciente, su nivel de actividad y la evaluación clínica y radiológica”, añade el doctor.
Tradicionalmente, este procedimiento se reservaba para personas mayores; sin embargo, los avances de diseño protésico y técnicas quirúrgicas han ampliado las indicaciones a pacientes más jóvenes con daño articular severo. El candidato ideal es aquel que presenta dolor crónico incapacitante, limitación significativa en actividades cotidianas, deformidad progresiva o fracaso del tratamiento farmacológico, fisioterapia e infiltraciones.
La intervención dura aproximadamente entre 60 y 120 minutos y se realiza bajo anestesia local o anestesia general. En la mayoría de casos, el paciente comienza a movilizarse el mismo día o al día siguiente, bajo supervisión de fisioterapia especializada. La rehabilitación es un componente fundamental del éxito quirúrgico: incluye ejercicios de movilidad, fortalecimiento muscular y reeducación de la marcha.






