GLORIA MARTÍ (*)
¿La atención es voluntaria? Cuando hablamos de concentrarnos o de prestar atención parece que la atención es voluntaria y que podemos concentrarnos en las cosas que debemos hacer cuando queramos, pero esto no es así. La atención NO siempre es voluntaria. Hay veces en que prestamos automáticamente atención a las cosas sin que tenga nada que ver la voluntad (al menos en un primer momento), y este tipo de atención depende básicamente de las características de los estímulos ambientales y de los factores motivacionales y emocionales que además pueden hacer que cualquier estímulo o situación nos distraiga.
En este sentido y aunque algunos de estos factores son relativos, las características de los objetos que mejor captan nuestra atención son:
El tamaño (normalmente las cosas más grandes llaman más la atención).
La posición (la mitad superior izquierda de nuestro campo visual es la zona que antes capta la atención).
El color (los estímulos en color suelen llamar más la atención).
La novedad (normalmente los estímulos nuevos o más inusuales llaman más la atención).
La intensidad del estímulo (cuando los estímulos son muy intensos tienen más probabilidades de llamar la atención).
La complejidad del estímulo (los estímulos más complejos suelen llamar más la atención).
También es muy importante el nivel de activación fisiológica. Ya hemos dicho que con la atención nos activamos fisiológicamente, es decir, aumentamos la actividad de nuestro organismo. La activación fisiológica o arousal, es el nivel de receptividad y responsividad del sistema nervioso ante los estímulos ambientales. Se manifiesta por ejemplo, con la dilatación de las pupilas, la tasa cardiaca, etc. y comportamentalmente se expresa en el grado de actividad que tenemos en un momento determinado, desde un nivel muy bajo cuando dormimos, hasta un nivel muy alto cuando realizamos un gran esfuerzo o estamos sometidos a una gran excitación.
La gente se encuentra más a gusto con niveles de activación moderados y además es entonces cuando rendimos mejor, pero sólo hasta cierto punto (que se llama nivel óptimo) y que es distinto para cada persona, por encima del cual, cuanto mayor es la activación peor se rinde. Básicamente es por esto que un niño hiperactivo no rinde adecuadamente en sus estudios, porque su nivel de activación es siempre superior al nivel óptimo, lo que hace bajar su rendimiento.
(*) Licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación.