Como afrontar los excesos de la Navidad

Tras las celebraciones navideñas, es habitual que muchas personas experimenten sensación de pesadez, fatiga, aumento de peso o desajustes en sus rutinas habituales. Las comidas copiosas, el mayor consumo de alcohol y la reducción de la actividad física pueden pasar factura al organismo. Sin embargo, retomar hábitos saludables de forma progresiva y realista es clave para proteger la salud.

La especialista en nutrición del Hospital HLA San Carlos, María Olivencia afirma que, “después de los excesos no es recomendable recurrir a dietas restrictivas o “detox” sin base científica. Lo más eficaz es recuperar una alimentación variada y equilibrada, priorizando frutas y verduras, ricas en fibra, vitaminas y antioxidantes, legumbres, cereales integrales y frutos secos en cantidades moderadas, proteínas de calidad como pescado, huevos y carnes magras y una reducción de alimentos ultraprocesados, azúcares añadidos y grasas saturadas. El objetivo no debe “compensar”, sino normalizar los hábitos”.

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Durante las fiestas suele disminuir el consumo de agua y aumentar el de bebidas alcohólicas o azucaradas. Reanudar una correcta hidratación ayuda a mejorar la digestión, la función renal y la sensación general de bienestar. El agua debe ser la bebida principal, complementada con infusiones o caldos ligeros.

No es necesario realizar ejercicio intenso de inmediato. Caminar a diario, subir escaleras, realizar estiramientos o actividades aeróbicas suaves es suficiente para activar el metabolismo y mejorar el estado de ánimo. A partir de ahí, se puede aumentar gradualmente la intensidad según la condición física de cada persona.

“Si tras las fiestas aparecen síntomas persistentes como dolor abdominal, acidez frecuente, cansancio extremo o alteraciones digestivas continuadas, es importante consultar con un experto en alimentación. La prevención y el seguimiento médico son fundamentales, especialmente en personas con enfermedades crónicas”, aconseja María Olivencia.

“La recuperación tras la Navidad no debe plantearse como un castigo, sino como una oportunidad para reforzar hábitos saludables a largo plazo. Pequeños cambios sostenidos en el tiempo tienen un impacto mucho mayor que medidas drásticas de corta duración”, concluye la especialista en nutrición.

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