Altea se sienta a la mesa del mundo

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Últimos días para disfrutar de las Jornadas de Cocina Internacional en la villa blanca

Altea es un municipios de la Costa Blanca que enamoran por sus playas, su centro histórico de calles empedradas y la luz que transmiten sus vistas. Ahora, durante diez días de mayo la villa ha decidido invitar al mundo entero a comer en sus mesas, a través de la iniciativa impulsada por la Asociación de Hostelería de Altea y el Ayuntamiento.

Las Jornadas de Cocina Internacional, que se vienen celebrando desde hace unos días, han transformado la localidad en un pequeño atlas culinario donde conviven las nacionalidades de Serbia, Perú, Austria, Japón, Marruecos, Nepal, Brasil, Italia o Argentina. Una ruta gastronómica que no solo habla de recetas, sino también de identidad, memoria y mestizaje cultural.

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Lejos de la fórmula turística al uso, la propuesta alteana tiene algo especialmente auténtico: detrás de cada menú hay historias personales, raíces familiares y cocinas que se cocinan desde dentro. No se trata de reinterpretaciones superficiales, sino de restaurantes que defienden con orgullo su origen.

Y entre todas las paradas de esta vuelta al mundo con sabor mediterráneo, dos nombres brillan con especial intensidad: Ristorante Zero81 y Ombú.

Zero81: Nápoles frente al mar de Altea

En una edición donde abundan las fusiones y los guiños internacionales, Zero81 apuesta por algo más difícil: la honestidad napolitana.

El restaurante, ubicado en Cap Negret, ha construido su menú como un homenaje directo a la tradición italiana del sur. Todo comienza con una montanara -pizza frita con tomate y parmesano-, un bocado humilde y popular nacido en las calles de Nápoles que aquí aparece ligero, crujiente y profundamente adictivo.

Pero el verdadero corazón del menú llega con la pasta Genovese, uno de esos platos que explican por qué Italia convirtió la cocina doméstica en patrimonio sentimental. Carne de ternera y cebolla cocinadas lentamente hasta deshacerse en una salsa intensa, melosa y dulce, capaz de resumir horas de paciencia en cada cucharada. Zero81 no intenta modernizar la receta: la respeta. Y precisamente ahí está su virtud.

El cierre con tiramisú casero funciona como un regreso amable a la tradición, sin artificios innecesarios.

En tiempos donde muchos restaurantes buscan sorprender a cualquier precio, Zero81 demuestra que la autenticidad sigue siendo el ingrediente más sofisticado.

Ombú: Argentina entre brasas y nostalgia

Si Zero81 emociona desde la tradición italiana, Ombú conquista desde la memoria argentina.

Su propuesta para las jornadas gira alrededor del lomito argentino, probablemente uno de los bocados más populares del país sudamericano y, al mismo tiempo, uno de los menos conocidos fuera de sus fronteras.

El restaurante lo presenta sin complejos: solomillo de ternera, jamón york, queso, huevo, lechuga y tomate, acompañado de patatas fritas. Pero reducir el plato a sus ingredientes sería no entender nada. Porque el lomito no es solo un bocadillo; es una manera de compartir mesa, noches y conversación.

La propia carta lo explica con una frase que resume perfectamente el espíritu del local: “cada lomito es un homenaje a nuestras raíces”.

Y eso se percibe en cada detalle de Ombú. Hay algo cálido y despreocupado en su cocina, una sensación de comida generosa y emocional que conecta rápidamente con el comensal. El restaurante consigue trasladar al Mediterráneo esa cultura argentina donde la gastronomía siempre termina siendo una excusa para reunirse.

Una ruta que define la nueva identidad gastronómica de Altea

Más allá de nombres concretos, las Jornadas de Cocina Internacional dejan una lectura interesante sobre la evolución culinaria de Altea.

La localidad ya no vive únicamente de la cocina mediterránea tradicional -que sigue siendo excelente-, sino que ha incorporado una escena internacional sorprendentemente sólida y diversa. El recorrido incluye desde el refinamiento peruano de E-Tika hasta el exotismo especiado de El Tajín de Oro, pasando por la cocina japonesa de La Fornera o las propuestas centroeuropeas de Melitón Jardín.

La iniciativa, además, incorpora un componente lúdico mediante sorteos y códigos QR para quienes completen la ruta gastronómica, reforzando esa idea de experiencia compartida que atraviesa todo el evento.

Quizá esa sea precisamente la clave del éxito de estas jornadas: entender que hoy la gastronomía no consiste únicamente en comer bien, sino en viajar sin salir de la mesa.

Y en eso, este mayo, Altea ha conseguido algo extraordinario.

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