Tristeza, apatía, irritabilidad, quejas somáticas o dificultades para dormir son algunas de las señales durante los primeros días de adaptación
La vuelta al colegio no solo supone recuperar los libros, los horarios y las obligaciones, también implica un proceso de adaptación emocional. Después de más de dos meses de vacaciones y mayor libertad en las rutinas, el regreso brusco a las clases, el trabajo y las responsabilidades familiares puede provocar cansancio, irritabilidad, apatía, ansiedad o alteraciones del sueño.
“Los cambios de rutina requieren un periodo de adaptación y cada persona necesita su propio tiempo. No debemos interpretar necesariamente estos cambios como un problema psicológico, sino como una respuesta normal ante la vuelta a las obligaciones después de un período de descanso”, explica Nuria Páez, psicóloga del hospital HLA San Carlos de Denia.
Para la especialista, uno de los aspectos que más influye en la adaptación es el sueño. “Durante las vacaciones de verano es habitual modificar los horarios, por lo que recuperar progresivamente las horas de descanso antes y durante los primeros días del curso puede facilitar la autorregulación emocional y evitar cambios bruscos”, comenta.
Además, el equipo de psicología de HLA San Carlos recomienda crear un ambiente de tranquilidad y confianza los primeros días, así como los días previos, se debe evitar transmitir a los hijos la propia ansiedad ante la vuelta a la rutina. “Recuperar poco a poco los horarios, preparar con antelación el material escolar y reservar tiempo para el juego, el deporte y las actividades familiares son medidas sencillas que ayudan a reducir el estrés”, añade la especialista.
Nuria Páez hace hincapié en que, “en el caso de los niños y adolescentes, es importante prestar atención a sus emociones ya que algunos pueden sentir preocupación ante lo que conlleva un nuevo curso. Es importante escucharlos y preguntarles cómo se sienten sin juzgar, así como normalizar sus emociones para ayudarles a afrontar mejor esta etapa”.






