Javienses en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos. Joaquín Tormo Catalá (II)

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La impronta que Joaquín Tormo dejó en el arte la hemos encontrado en la realización de imágenes tras la contienda civil de las que queda constancia en el Fondo histórico-artístico recogido por la Comisión de Arte Sacro de la diócesis de Valencia cuya actuación tuvo lugar al comienzo de la reconstrucción de templos e imágenes destruidos en el periodo bélico. No tenemos en el momento actual ninguna referencia más a obra anterior a la guerra y posterior a esta etapa, de imaginero y en otros ámbitos.

La destrucción de templos, altares e imágenes creó una demanda en los años 40 a 50 del pasado siglo, a la que intentaba dar respuesta la producción en serie de algunos talleres catalanes, principalmente de Olot donde se hacían imágenes en cadena que en algunos casos no tenían la calidad suficiente. Esta demanda hizo que el Arzobispo Prudencio Melo y Alcalde decidiera crear una «Comisión Diocesana de Arte Sacro». Esta comisión tenía como quehacer primordial impedir en las iglesias valencianas el uso de imágenes seriadas. Para ello, cada vez que una Parroquia o Hermandad encargaba una nueva imagen, debían mostrar un boceto previo de la misma para su análisis y para proceder, si se juzgaba conveniente, a su aprobación. Además, el Arzobispo dispuso a los escultores el uso obligatorio de maderas nobles. De esta forma los escultores – imagineros en Valencia vieron enriquecidas sus posibilidades de trabajo en una época que no lo había. Joaquín Tormo Catalá tuvo su taller en la calle Dr. Sumsi, nº 23, bajo. Era uno de esos alrededor de 25 talleres que existieron en la ciudad de Valencia.

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Si enumeramos las imágenes realizadas por Joaquín Tormo, en número de 11, de las que queda constancia, encontramos dos imágenes de Abdón y Senen; dos de Virgen de la Asunción, yacente y de las denominadas para vestir; dos Ecce Homo, una de Santa Ana, otra de San Roque, un Cristo yacente, una Virgen de los Dolores y un Sagrado Corazón de Jesús.

Si estas son las imágenes que pasaron por la Comisión de Arte Sacro también hay otras que no lo hicieron ya que no tuvieron el objetivo de hacer una nueva imagen, sino la de restaurar una antigua. Y esto es lo que hizo Joaquín Tormo Catalá con la talla del cuerpo de San Julián que se venera en Requena. La historia de esta obra es bueno rememorarla ya que Joaquín Tormo se limitó a tallar el tronco del santo para colocarle la milagrosa cabeza. Lo milagroso estriba en que en 1929 hubo ciertos movimientos a consecuencia de los cuales se derrumbó la ermita que existía junto a la Torre de Enmedio. La imagen de San Julián se encontró intacta, protegida por tres enormes sillares y debajo de todos los escombros producidos al derrumbe del edificio. En 1936 fue saqueada la capilla prendiendo fuego a todo lo que allí había incluida la talla del santo. Seguramente como consecuencia de algún golpe o como fuere –cuenta Luis Gil-Orozco Roda – la cabeza de la imagen saltó y fue rodando por la empedrada cuesta y quedó oculta en algún rincón. La cabeza se encontró y se guardó y es la que fue colocada, tras la contienda, sobre la talla que realizó Joaquín Tormo Catalá y cuyo coste fue de 1500 pesetas en 1940. Los dos eventos señalados rodearon la figura de San Julián de un halo de milagroso

Dejando a un lado esta historia, de las imágenes de las que tenemos constancia sabemos utilizó madera y en dos casos se indica madera seleccionada y madera de pino de Finlandia. Su realización abarca desde junio del año 1940 hasta el mismo mes del año 1957, si bien en su mayoría están realizadas en la primera mitad de la década de los 40. El ámbito geográfico abarca desde Altea y Biar en Alicante hasta Masanasa, Sagunto, Oliva, Siete Aguas y Valencia.

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