El Centro de Día de Teulada funciona sólo al 50% y la mitad de los usuarios está en casa
“Hay un empeoramiento en todos los niveles, cognitivo, funcional y emocional”
(Carmen Mudarra)
El COVID-19 se ha cebado con las personas mayores y las dependientes. Con la declaración del estado de alarma se cerraron a cal y canto las residencias para mayores, geriátricos y Centros de Día porque albergan a la población más vulnerable. Aun así, el virus no entiende de fronteras ni muros y se cuentan por miles las víctimas ocasionadas por la pandemia. Si el confinamiento en casa fue duro para todos, no cuesta pensar o imaginar cómo ha sido para los enfermos de Alzheimer y sus familias. No hay que olvidar que el Alzheimer es una enfermedad mental progresiva que se caracteriza por una degeneración de las células nerviosas del cerebro y una disminución de la masa cerebral. Sus manifestaciones básicas son la pérdida de memoria, la desorientación temporal y espacial y el deterioro intelectual y personal.
El Centro de Día de Teulada estuvo cerrado del 16 de marzo al 15 de junio. No es un centro grande y la veintena de usuarios vio cortada de raíz una rutina diaria que les ayudaba en su estimulación cognitiva, factor fundamental para frenar el avance de la enfermedad. Durante este período, un auxiliar –siempre el mismo para cada paciente- les visitaba en su domicilio y se dio a las familias atención y asesoramiento por vía telefónica.
Con la nueva normalidad se abrieron de nuevo las puertas del Centro de Día pero con restricciones para combatir la propagación del coronavirus. Así, el centro está al 50% de su capacidad y la mitad de sus pacientes continúan en casa. La presidenta de la Asociación de Familiares de Alzheimer (AFA), Sylvia Tatnell, indica que “hay que respetar las directrices marcadas por la Conselleria y sólo tenemos cubiertas las diez plazas de carácter público”. “La situación para el resto de familias –añade- es muy dura y difícil. Han tenido que buscar ayuda para atenderles y conciliar esta situación con su vida laboral. Venir aquí era una descarga muy grande para ellos y ahora no podemos hacer nada”.
La directora del Centro de Día, Carmen Mudarra, subraya que la falta del contacto social, del ejercicio físico y de las actividades estimulantes empeora el nivel cognitivo de los enfermos. “Las familias están saturadas, sobrecargadas y los pacientes han perdido el estímulo de acudir al Centro de Día y estar con sus compañeros”, comenta Mudarra. “Esto influye –añade- de forma directa y hay un empeoramiento en todos los niveles. Cognitivo, funcional y emocional”. Desde el centro están en contacto con los familiares “y tenemos testimonios de que es así, nos comunican que no están como antes”.
Las medidas de seguridad sanitaria impuestas frente al coronavirus están ocasionando un aumento de la desorientación, la confusión, la exacerbación de los trastornos de conducta y los síntomas psiquiátricos en estos enfermos. En el Centro de Día disponen de una atención especializada, se realizan todo tipo de talleres y hay una sala multisensorial para trabajar con su desarrollo cognitivo.