Cristina Devesa: “Todavía me despierto a las 5 de la mañana, a pesar de que ya no voy al horno, porque el cuerpo está acostumbrado”
DÍDAC VENGUT
Cristina Devesa ya no tiene necesidad de poner el despertador pero, aun así, todavía se despierta a las cinco de la madrugada, que se dice pronto. El cuerpo, según dice, está más que acostumbrado. Y tanto porque ha ejercido como panadera casi 35 años y el suyo es -o era, mejor dicho- un oficio de mucho de madrugar. Menos mal que le gusta mucho leer y por eso se pasa un par de horas más en la cama. Si no puedes cerrar el ojo, una buena alternativa es entretenerte con un buen libro. Hace nada, poco más de un par de semanas, que ha plegado velas -para decirlo de alguna manera- no por voluntad propia sino más bien por necesidad. Tiene problemas de salud, en la espalda, y hacía tiempo que sufría mucho. “El médico me dijo que no cogiera más de dos kilos pero los sacos de harina pesan mucho más”, dice mientras sonríe.

Si por ella fuera, hubiera aguantado un poco más de tiempo pero le hicieron una oferta para alquilar el local y mantener abierto el horno. Ahora bien, con una condición y no era otra que hacer el traspaso lo más pronto posible. Una vez consultado el tema con los hijos, Cristina decidió no dejar pasar la oportunidad y abrir una nueva etapa en su vida. No ha sido una decisión nada fácil, más bien todo el contrario, pero no había otra y ahora el negocio lo lleva Álvaro Gavilà, un hombre de Dénia que regenta también el horno de Moraira.
Sin perder la sonrisa que la caracteriza, Cristina dice que “la verdad es que ha sido una suerte muy grande. Yo no tengo un relevo generacional, mi hijo y mi hija quieren ser maestros, y lo más normal hubiera sido cerrar el horno”. “Ahora”, continúa, “él seguirá atendiendo la clientela y, además, ha ampliado el horario y la gama de productos porque yo estaba a solas y llegaba hasta donde podía”. La coca maría de almendra era su producto estrella pero también hacía cocas, monas y más cosas, todo casero y artesanal con sus manos. Encendió el horno por última vez para cocer las Damas, el dulce típico de Teulada con la silueta de una mujer que se elabora para celebrar la fiesta de San Blai, el 3 de febrero.
Lo que echará más en falta, según sus palabras, es el contacto diario con la clientela porque está muy agradecida. “No sabes los mensajes que he recibido y las muestras de afecto de mucha gente cuando se han enterado que me lo dejaba”, dice con una lágrima en los ojos. También en el horno vendió un puñado de décimos de lotería de la banda de Teulada que fueron premiados con 20.000 euros del sorteo del Gordo de Navidad.
UNA HISTORIA DE VIDA
Los 35 años vinculada al horno Rosita han sido “una historia de vida”, así de claro. Con poco más de 11 o 12 años ya ayudaba en el horno de los que después serían sus suegros, Pepe Buigues y Rosa Cano, a quien considera sus maestros y referentes más allá de la panadería. Todavía recuerda la primera coca maría que hizo cuando tenía 14 o 15 años. “Ellos estaban de viaje y la chica que vendía el pan estaba enferma. Me encomendaron una coca y pensaba que el corazón se me salía porque estaba muy nerviosa. Pero salió muy buena y se vendió toda”.

Cuando se casó abrió el nuevo horno, Rosita II, el actual emplazamiento de la Avenida del Mediterráneo. Allí ha vivido experiencias personales y profesionales de todo tipo. Se queda con las buenas, “que han sido muchas”, subraya. Un oficio muy sacrificado y de muchas horas que ha afrontado muchos años a solas “porque quería dar un futuro a mis hijos y ese ha sido mi mayor sacrificio, hacer las horas que fuesen necesarias y más”, asegura Cristina. No ha tenido nunca vacaciones, como quien dice, “porque cuando es fiesta es cuando más trabajo tenía y gracias que me han ayudado a llevarlo todo adelante”, indica muy agradecida. Además, Cristina es una mujer que participa en todas las actividades que se hacen en el pueblo y siempre ha estado allá donde se lo han pedido.
Cristina Devesa es la última representante de una saga familiar que llevaba más de 75 años en el oficio. Ahora pliega velas, como hemos dicho antes, pero lo hace con orgullo y satisfecha por el trabajo hecho porque se ha dedicado de todo corazón desde muy jovencita. La de este año ha sido la última Dama.








