Sin desbrozadoras ni mangueras : vacas que limpian el monte y ayudan en la lucha contra el fuego

Gata pone en marcha un proyecto piloto para prevenir los incendios virulentos

La falta de relevo generacional amenaza el oficio de pastor en la Marina Alta. No es un caso aislado. Pero sus consecuencias son más que visibles. Los rebaños no pastorean por el monte y la masa forestal es cada vez más densa. La transformación del paisaje y la pérdida de biodiversidad, con el consiguiente aumento del riesgo de incendios, son evidentes. Un grupo de veinte vacas pasta cerca de la Font de la Mata de Gata. Llegaron a principios de septiembre con la misión de reducir la vegetación baja, de la que se alimentan. Es un combustible muy eficaz en caso de incendio y combatirla puede reducir notablemente la virulencia del fuego. Las han bautizado con el nombre de “vacas bombero” y forman ya parte del paisaje del Tossal del Moro.

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Los proyectos de gestión agroforestal con ganado, en este caso vacas nodrizas, no solo hay que entenderlos como una herramienta para disminuir el riesgo de incendios forestales. Son también un instrumento de fomento del sector ganadero y, por tanto y a largo plazo, de diversificación económica.

Joan García (Pedreguer), Tomás Llull (Dénia) y Fran Panella (Piles) representan a tres generaciones de ganaderos. Han constituido una sociedad, Agropecuaria Marina Alta, S.L., que desarrolla el proyecto de gestión del monte que ha implementado el Ayuntamiento de Gata. “Cada vez somos menos”, explica Joan, el más joven, que no ve fácil la subsistencia del oficio. Sobre todo, por la falta de vocación.

El suyo es un caso curioso. Cursó estudios de formación profesional agraria. Le tiraba la tierra, pero también los animales. En su casa hubo cabras, pero nunca vacas. Hasta que se decidió a montar la sociedad con sus otros dos socios.

Fran, el mayor de los socios, ha criado cabras, ovejas, caballos y, desde hace unos diez años, también vacas. Tomás conduce un rebaño de cabras con el que desarrolla el proyecto de pastoreo ecológico del Ayuntamiento de Xàbia en el Parque Natural del Montgó. Es nuevo en esto del pastoreo con vacas pero la finalidad de ambos proyectos es la misma: reducir la acumulación de vegetación baja, mantener el ecosistema y prevenir incendios forestales virulentos.

La sociedad cuenta ya con más de 80 vacas. Tienen el corral base en Pego, donde encuentran buenos pastos durante el verano. A finales de septiembre, las vacas que pastan en la marjal se trasladan a otro lugar. “La marjal es buena en verano porque es un lugar fresco para ellas, pero cuando se seca el carrizo se han de trasladar”, explica García.

Las suyas las llevará a L’Orxa. Pero no todas. Las más jóvenes o las que necesiten una ayuda alimentaria se quedarán en el corral. Tampoco, si se adaptan bien, las de la Font de la Mata. “Aquí hay mucha variedad botánica”, añade, “y desde ayuntamiento se nos están dando muchas facilidades”.

El chivato

El Ayuntamiento de Gata se ha acogido a una subvención de la Diputación de Alicante destinada al pastoreo con ganado extensivo para poner en marcha el proyecto. Ha sido gestionada a través de la Xarxa Agrícola Marina Alta, que se ha hecho cargo también de su redacción.

Prácticamente, las vacas campan a sus anchas durante todo el día. Buscan abrigo en los árboles para protegerse del sol o cuando las condiciones meteorológicas empeoran.

Son vacas mansas, inofensivas, acostumbradas a la presencia humana. “Pero no les gusta que las molesten ni que las toquen”, puntualiza Agustí Espí, técnico de la Xarxa Agrícola. De ello y de su presencia advierten unos carteles donde se informa de la obligatoriedad para quienes paseen por la zona de llevar a los perros atados para no molestarlas.

No hay ningún elemento físico que delimite el ára de pastoreo. El corral, por así llamarlo, es virtual. Las vacas llevan un GPS que permite tenerlas controladas a cualquier hora. A través del móvil, el pastor puede saber con precisión dónde están e incluso si ha habido alguna variación en la temperatura de su cuerpo.

Si las vacas intentan sobrepasar los límites del corral virtual, el GPS emite un sonido y, en su caso, una pequeña descarga eléctrica que las hace retroceder. Se carga con energía solar y es el chivato perfecto para saber cuándo alguna cosa no va bien.

“Si no hay movimiento o si hay un cambio de temperatura, por ejemplo cuando están enfermas o van a parir”, lo detectas inmediatamente”, comenta Joan García.

Una nueva rutina

La tecnología ha traído consigo cambios en la rutina diaria del pastor. “Antes te levantabas y te ibas a pastorear con ellas -cuenta el pastor- pero ahora, lo primero que haces es mirar el móvil para controlar las vacas, comprobar que todas están en movimiento y que no hay variaciones en la temperatura”.

El pastor siquiera necesita hacerse acompañar por un perro. Eso sí, todos los días se desplaza hasta Gata para comprobar que sus vacas tienen agua suficiente y pienso, “un suplemento necesario por su aporte de proteínas y cuando el monte está más seco”.

Los animales precisan también de un control veterinario. Hay que vacunarlos y desparasitarlos de forma periódica. Y el pastor también se ha de encargar de procurar alimento y paja dentro y fuera del corral.

Los comienzos no son fáciles, relata Joan, “pero a mí me gusta este trabajo”. Hay que hacer papeleos y mucha inversión hasta conseguir una estabilidad y que el oficio sea rentable.

Cada vaca joven supone una inversión de cerca de 1.000 euros. No podrán quedarse preñadas hasta que tengan año o año y medio. Son futuras madres que pastorean por el monte y que actúan como desbrozadoras o cortafuegos naturales.

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